La decisión fue construir una marca directa y contundente, apoyada casi exclusivamente en lo gráfico.
El cambio de nombre a Gender permitió trabajar una identidad más abierta, donde la tipografía se convierte en el eje central del sistema.
El logotipo se resolvió desde el peso, la escala y la proporción, buscando una presencia fuerte y reconocible en cualquier soporte. El sistema se llevó a distintos soportes reales: indumentaria, folletos, stickers y piezas gráficas para la tienda, lo que permitió poner a prueba la marca en uso y ajustar el lenguaje para que funcione tanto en pequeño formato como en aplicaciones de mayor escala.
El resultado es una identidad urbana, sólida y adaptable, pensada para crecer junto a la marca y sostener su diversidad de productos sin perder carácter.